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  • Mi cuerpo es mío y de nadie más

    Posted on 26 March 2013 by admin in Blog.

    El último caso ha sido el de Amina Tyler, una joven tunecina condenada a muerte por lapidación, por mostrar su torso desnudo con el mensaje “mi cuerpo es mío y de nadie más”, pero hay muchos otros precedentes de mujeres cuyos actos se consideraron “impuros” y fueron sometidas al mismo castigo, por ejemplo en Sudán, Layla Ibrahim Issa Jumul e Intisar Sharif Abdallah, o en Irán Sakineh Mohammadi Ashtiani.

    Es peligroso quedarse con el lugar donde se producen estos actos, peligroso porque reduce el campo de mira y distrae del acontecimiento en sí; puede provocar un discurso que no es el que debe ser más dirigido hacia los lugares donde tienen lugar estos actos –empujando así a actitudes racistas- que hacia las personas que los sufren, mujeres. La desigualdad de género existe en todas las sociedades, occidentales, orientales … las más cercanas y las más lejanas a nuestro contexto habitual. En algunos casos esta desigualdad se manifiesta de manera más evidente, más brutal, porque las estructuras que la soportan no han considerado ningún tipo de evolución hacia la igualdad, sino más bien lo contrario. Mientras que en las denominadas “sociedades occidentales” existe una desigualdad más velada, en la que engañosamente se indica que hombres y mujeres somos iguales (porque a las mujeres no nos lapidan por adulterio, podemos trabajar y conducir y podemos votar y salir solas a la calle) pero siguen existiendo estructuras de discriminación mucho más sutiles.

    Aunque este post no pretendía tratar este tema, no está de más recordarlo.
    El objetivo de esta entrada era analizar por qué el pecho desnudo de Amina, con el mensaje en árabe “mi cuerpo es mío y de nadie más” ha causado tanta indignación a la sociedad androcéntrica y patriarcal de su país. Además, en la foto aparece maquillada, fumando y leyendo.

    Más allá del desnudo, que puede ser un primer escaparate provocador, y de que ella como mujer aparezca realizando acciones que se consideran de hombres (leer, fumar) o de mujeres “impuras” (ir maquillada), que una mujer reivindique su cuerpo, su feminidad para ella sola, es un insulto en toda regla para un mundo en el que los hombres disponen del cuerpo de las mujeres. Por eso, cuando algunos titulares de periódicos indican que el motivo por el que Amina es condenada a morir lapidada es por aparecer en “topless”, se quedan cortos en la apreciación, reducen el mensaje. Amina es condenada a morir lapidada por plantar cara a los que deciden sobre ella y sobre su cuerpo, más allá de que aparezca desnuda. Evidentemente el formato da forma y más fuerza a su reivindicación, puesto que abandona cualquier ropaje de los que tradicionalmente esconden los cuerpos de las mujeres en algunas sociedades árabes y además realiza acciones y toma una actitud masculina, pero si lo hubiese gritado vestida en la calle o lo hubiese pregonado con una pancarta, también habría sido penada.

    Y si hubiese sido una mujer occidental la que hubiese realizado este acto, ¿qué habría pasado? Quizá legalmente no habría pasado nada, pero la moralidad social muchas veces es más fuerte que la penal. Muchos y muchas habrían pensado probablemente que ese mensaje estaría fuera de lugar y quizá habría caído en el olvido o se hubiera considerado como un acto estrambótico o de alguna feminista trasnochada… El grupo de activismo FEMEN, de origen ucraniano, que se caracteriza por irrumpir en actos sociales simbólicos en topless reivindicando la igualdad de las mujeres, tampoco está demasiado bien visto en su país…incluso hay alguna causa penal abierta contra ellas, y sus actos se consideran “de mal gusto” … De nuevo, ¿qué es lo que puede inquietar a la sociedad ucraniana, los pechos desnudos o el simbolismo que ese acto supone: que las mujeres elijan ellas enseñar sus pechos? Hoy FEMEN está reivindicando la libertad de Amina con el mismo mensaje escrito en su piel.


    El caso es no dejar nunca que las mujeres sean dueñas de elegir si mostrar o no su cuerpo, de hacerlo suyo y además de contarlo. El cuerpo de las mujeres sigue siendo un campo de batalla.

    Violeta Castaño Ruiz

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