El día en el que todas fuimos juzgadas

 

No es que la justicia no sea justa, es que simplemente no existe; ni está, ni se la espera.

Así que cuando salga a la calle una mañana, una tarde, una noche cualquiera y por caminar sola, o quizás porque mi falda sea excesivamente corta, o porque me haya tomado algunas copas o, sencillamente, porque aquel que se cruce en mi camino así lo haya decidido, seré violada.

Y en ese momento, en ese mismo momento, no me permitiré sentir dolor, no tendré miedo y, por supuesto, no me bloquearé, porque estaré consintiendo.

En ese momento, en ese mismo momento, os tendré muy presentes jueces y magistrados, a vosotros y a vuestra justa lección de justicia que hoy me habéis dado.

Y cerraré las piernas con todas mis fuerzas.

Y gritaré.

Y lloraré.

Y me defenderé hasta la extenuación, o hasta que mi agresor decida que es hora de matarme.

Asesinarme o dejarme muerta en vida. Total, tampoco hay tanta diferencia.

Y sabré que he actuado bien, habré defendido mi verdad. Sólo así me creeréis. Que tal y como me habéis enseñado hoy, para que vuestra justicia me ampare, más me vale estar muerta, que haber sido violada.

 

violación, sentencia, manada
Montse Casasempere Ruiz

Vicepresidenta de Generando Igualdad

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