Una mujer que se hace respetar

 

Hace unos días, mientras viajaba en el metro, dos mujeres charlaban sobre sus respectivos divorcios y sobre cómo se planteaban su futuro sentimental. Una de ellas comentaba que no salía por las noches porque no se sentía cómoda y porque ella era una mujer que se hacía respetar.

Esta última frase me dejó pensativa, y me pareció interesante hacer una reflexión sobre lo que significa. Podemos partir del hecho de que el ocio nocturno no le guste, algo que es totalmente respetable, ésa no es la cuestión. Pero ¿debe una mujer hacerse respetar? ¿No es algo que ya está implícito, por el hecho de ser persona? No es algo que deba conseguirse, es algo con lo que partimos, seamos hombres o mujeres, nos merecemos que nos traten con respeto ya que somos totalmente dignos/as de ello.

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Seguramente esa frase tenga que ver con el hecho de que hay gente que busca sexo esporádico cuando sale de fiesta. O, aunque no sea así, en esos contextos nocturnos es más probable que se produzcan situaciones de flirteo. ¿Será entonces que en estas situaciones la mujer tiene que hacer esfuerzos para que la respeten? Si entendemos que las personas somos libres para decidir cómo nos queremos relacionar y cómo queremos vivir nuestra sexualidad, la respuesta sería no.

La realidad es que, socialmente, existen muchas ideas que no van en esta dirección, y estamos tan acostumbrados/as a oírlas que podemos tenerlas interiorizadas sin darnos cuenta. En este sentido podríamos pensar que una mujer se hace respetar cuando:
– Es atractiva, pero no demasiado (si no, sería una cualquiera).
– Coquetea, pero no demasiado (si no, sería una cualquiera).
– Si coquetea, tiene que mantener el interés por ese hombre (si no, sería una calientabraguetas).
– Si baila, que lo haga de forma un tanto discreta (si no, está provocando).
– No hace manifiesto su interés sexual cuando conoce a un hombre que le interesa y no mantiene relaciones con él pronto (si no, es una cualquiera).

Si nos fijamos en las frases anteriores, en ningún momento se tienen en cuenta las necesidades, la voluntad y los valores de la propia mujer. Están más bien fundamentadas en el hecho de que la honorabilidad de la mujer se mide en función de cómo oculte y module su propia sexualidad para que otras mujeres u hombres la consideren digna.
Este hecho no ocurre con los hombres; de hecho, la frase “yo soy un hombre que me hago respetar” no suele escucharse, y si se menciona, no tiene que ver con la sexualidad, sino más bien con el honor.

Es importante conocer nuestros propios valores, ya que ellos serán la guía de nuestra conducta y lo que nos hará sentirnos bien con nosotros/as mismos/as. Así, si no quiero acostarme con una persona con la que no tengo una relación estable porque no creo en el sexo sin amor, es perfectamente lícito. También lo es, que una persona que entiende que cuando no tiene pareja quiere vivir una sexualidad activa y sana, tenga relaciones esporádicas. En ambos casos, sean hombres o mujeres, se respetan a sí mismos porque son coherentes con sus propios valores. En ambos casos se mantiene la dignidad, que es algo que nos viene dado por el hecho de ser personas y no es algo por lo que tengamos que luchar.

Mª del Mar Santos

Psicóloga de Generando Igualdad. M-21678

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